Muchos piensan que el estrés solo afecta la mente, pero en realidad, puede generar un impacto profundo en todo el organismo. Cuando se vuelve crónico, el estrés libera constantemente hormonas como el cortisol y la adrenalina, lo que afecta directamente:
- 🧠 La calidad del sueño
- ❤️ La presión arterial
- 🍩 El metabolismo (puede elevar glucosa y colesterol)
- 🍔 Los hábitos alimenticios (hambre emocional)
- 😣 La tensión muscular y dolores persistentes
- 😔 El estado de ánimo, provocando irritabilidad o ansiedad

El estrés crónico tiene repercusiones multisistémicas bien documentadas en la literatura médica, afectando tanto la salud física como mental. A nivel neuroendocrino, la activación sostenida del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal (HHA) y la alteración de la señalización glucocorticoide pueden llevar a una disfunción adaptativa, generando un estado homeodinámico alterado que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas y reduce la expectativa de vida.[1]
En el sistema cardiovascular, el estrés crónico se asocia con un aumento significativo del riesgo de eventos cardiovasculares, incluyendo enfermedad coronaria y mortalidad cardiovascular. Estudios longitudinales y metaanálisis han demostrado que el estrés laboral y el estrés percibido elevan el riesgo relativo de enfermedad cardiovascular entre un 27% y un 40%.[2-3] Además, factores como el aislamiento social y experiencias adversas en la infancia potencian este riesgo a través de mecanismos inflamatorios y metabólicos.[3]
A nivel metabólico, el estrés crónico contribuye al desarrollo de resistencia a la insulina, disfunción en la homeostasis glucídica y lipídica, y favorece la aparición de síndrome metabólico, diabetes mellitus tipo 2 y esteatosis hepática. Estos efectos se ven exacerbados en individuos con antecedentes de experiencias adversas o estrés prolongado.[4-5] El estrés también acelera procesos de envejecimiento celular, como la senescencia y el acortamiento telomérico.[4]
En el sistema nervioso central, el estrés crónico induce neuroinflamación, alteraciones en la plasticidad sináptica y reducción de la neurogénesis, especialmente en regiones cerebrales implicadas en la regulación del ánimo y la motivación. Estos cambios neurobiológicos se asocian con un mayor riesgo de trastornos psiquiátricos como depresión y ansiedad.[6-7] La activación persistente de microglía y la liberación de citocinas proinflamatorias (TNF-α, IL-1β, IL-6) contribuyen a la disfunción neuronal y a la remodelación estructural cerebral.[6-7]
El estrés crónico también afecta la función gastrointestinal, promoviendo disbiosis de la microbiota intestinal, aumento de la permeabilidad intestinal y mayor riesgo de enfermedades funcionales como el síndrome de intestino irritable. Estos efectos están mediados por la liberación de factor liberador de corticotropina (CRF) y la interacción bidireccional del eje intestino-cerebro.[8]

Finalmente, el estrés crónico favorece el desarrollo de estrés oxidativo, disfunción mitocondrial y daño genético, lo que contribuye a la patogénesis de enfermedades neurodegenerativas y aterosclerosis.[9]
En resumen, el estrés crónico es un factor de riesgo transversal que contribuye al desarrollo y progresión de enfermedades cardiovasculares, metabólicas, neuropsiquiátricas, gastrointestinales y neurodegenerativas, a través de mecanismos neuroendocrinos, inmunológicos, metabólicos y de disfunción de barreras biológicas.[8][7][3][9]
👉 La buena noticia es que el estrés se puede medir, diagnosticar y tratar. A través de una evaluación médica integral podemos identificar cómo está afectando tu salud y ayudarte a tomar el control de tu bienestar.
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Referencias:
1.
The Neuroendocrinology of Stress: The Stress-Related Continuum of Chronic Disease Development.
Agorastos A, Chrousos GP.
Molecular Psychiatry. 2022;27(1):502-513. doi:10.1038/s41380-021-01224-9.
Leading Journal
2.
Chronic Stress and Cardiovascular Events: Findings From the CARDIA Study.
Ajibewa TA, Kershaw KN, Carr JJ, et al.
American Journal of Preventive Medicine. 2024;67(1):24-31. doi:10.1016/j.amepre.2023.12.015.
New Research
3.
Levine GN, Cohen BE, Commodore-Mensah Y, et al.
Circulation. 2021;143(10):e763-e783. doi:10.1161/CIR.0000000000000947.
Leading Journal
4.
The Multiple Roles of Life Stress in Metabolic Disorders.
Kivimäki M, Bartolomucci A, Kawachi I.
Nature Reviews. Endocrinology. 2023;19(1):10-27. doi:10.1038/s41574-022-00746-8.
Leading Journal
5.
Armborst D, Bitterlich N, Alteheld B, et al.
Nutrients. 2021;14(1):77. doi:10.3390/nu14010077.
6.
How Stress Shapes Neuroimmune Function: Implications for the Neurobiology of Psychiatric Disorders.
Koo JW, Wohleb ES.
Biological Psychiatry. 2021;90(2):74-84. doi:10.1016/j.biopsych.2020.11.007.
7.
Chronic Stress-Induced Neuroinflammation: Relevance of Rodent Models to Human Disease.
White AG, Elias E, Orozco A, Robinson SA, Manners MT.
International Journal of Molecular Sciences. 2024;25(10):5085. doi:10.3390/ijms25105085.
8.
Understanding the Connection Between Gut Homeostasis and Psychological Stress.
Zhang H, Wang Z, Wang G, et al.
The Journal of Nutrition. 2023;153(4):924-939. doi:10.1016/j.tjnut.2023.01.026.
9.
Sazonova MA, Sinyov VV, Ryzhkova AI, et al.
International Journal of Molecular Sciences. 2021;22(2):E699. doi:10.3390/ijms22020699.
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